martes, 11 de mayo de 2010




Soñando que las penas no firmen sus rostros, sólo el mio queda descubierto y es consciente. Se alza por encima y como ángel en las alturas pide a un hombre que le enseñe a sublimar. Ángel es sublime y quiere sublimar.
Destruyó tapujos, cerró bocas de afilados colmillos, deambuló innecesariamente por si alguien lo seguía. De vez en cuando tiraba migajas de pan de linaza y miel. Pero sus bocas secaron y el pan atoraban. Tomó manos, guió -ojos vendados-. ¿Que ha de pasar?
Tal vez el camino que se recorre es muy largo, tal vez no alcanza, tal vez estamos aquí en el borde del acantilado aún. Pie en tierra, uno en viento.

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